A veces necesito refugiarme debajo de algo que no soy, algo que no siento. Tengo que construir una coraza, para que nadie pueda entrar. Tengo que ponerme una máscara y fingir que todo está bien, que nada importa. Construyo un muro, lo suficientemente alto para que nadie pueda saltarlo y vuelvan a lastimarme. Así puedo vivir en mi lugar, así nadie puede tocarme, nada me hace mal. ¿Y qué pasa con todas las oportunidades que se escapan simplemente porque no pueden saltar ese muro? Todas las cosas buenas que no dejo entrar, todo lo que pierdo. A veces uno siente que hay marcas que va a llevar por siempre, cicatrices que la vida nos deja: cicatrizan y sanan, pero nunca se borran, dejan su marca. En este caso, esa marca en ciertos momentos no me deja seguir adelante. Porque hay cosas que no tienen comparación, hay veces que no hay opción. Porque cuando el corazón elige algo ¿Cómo le explicamos que eso no es así? Que eso no está bien. Sin embargo, por algo lo elige, por algo es eso y no otra cosa. Es un largo proceso de entender, el decir: estoy bien, tengo todo lo que necesito pero... me falta algo. ¿Qué falta? No quiero que todo sea perfecto, no, porque la perfección aburre. Me gusta lo imperfecto, pero no quiero sentirme así, tampoco quiero sentirme bien por lo cual... no quiero aburrirme. Qué gran rompecabezas, y sí en este caso es literal... hay cosas que te rompen la cabeza, como todos esos pensamientos vagando por mi mente luchando contra los sentimientos de mi corazón.

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